martes, 23 de octubre de 2012

Los que caminan (cuarta parte)



                                        VII
Veinte minutos después de la última grabación…
Hubo un apagón, casi al mismo tiempo se desató el infierno. Al irse la luz me asomé por la ventana y lo que vi no fue una ciudad sumergida en tinieblas. Docenas de incendios se desataban por doquier lanzando sendas columnas de humo al aire. El estridente sonido de sirenas resonaba por toda la ciudad, entremezclándose con bocinas y gritos en una cacofonía infernal. Helicópteros de la policía volaban por el ennegrecido cielo y por medio de altoparlantes ordenaban abandonar casas y dirigirse a Central Park. Al regresar la energía encendí inmediatamente el televisor y sintonice CNN. Ya no había ningún anunciador dando información, tan sólo un mensaje pregrabado en el que una voz femenina pedía a la gente abandonar sus hogares y centros de trabajo para dirigirse a los puntos seguros de sus ciudades, cuya ubicación seria indicada por las autoridades locales.
      Aún no me decido abandonar mi departamento, aunque ya he preparado una mochila con algo de ropa y comida enlatada. También he tomado mi pistola y las dos cajas de munición que compre la semana pasada. Saber que estoy armado me da seguridad. Quizá decida quedarme en casa y esperar que todo se solucione. Tengo suficiente agua y comida para resistir algunos días. Sí, me quedare, no sé lo que hay allá afuera y aquí me siento seguro.
      Alguien toca la puerta…
¡La mate… Dios mío, la mate! Esos ojos… esa maldita mirada. La mate, ¡la mate!

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